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8/2/13

INDAGACIONES I


Qué muere en el signo del agua.
Qué nace entre las sombras.
Por qué nos desprendemos de la luz
                                                            hacia la luz.
Qué pasos ocultos damos en la noche.

Hoy es el día para guarecer los espacios
nítidos entre oscuridades
sin ojos incendiados en la muerte cotidiana.
Hoy es el día de pedir perdón a nuestras manos
que castigaron los huesos en su esencia.

¿Por qué se ocultan las frentes en los libros
o los eliminan en sus tapas que se cierran?
¿Quién dejó que las rosas trasnocharan
y despertaran sin rocío nuevo?

Pocos saben de los sudores.
Pocos presienten
el intrincado destino de los cuerpos
que se entrelazan y no vuelven a ser.

La noche no alcanza.
De mis costados se eleva la sangre
en viajes ignorados de luz.
Pierdo mi letra. Pierdo inexorable
mi signo en las estelas de la tierra.
Pierdo la agonía cuando sale el sol.
¿Qué susurra el alba?

De pie ante las leyes, pregunto
quién ha robado los surcos matinales
quién creó los rostros carentes
de sus últimos trazos.
             
            Las muertes aturden con venenos sutiles.
            Ingerimos a diario
            desechos cerebrales de hastío.

Quién ha decretado que las pieles
son químicas que no se alternan
humores que no se mezclan
y prohíben el caos o el amor.

Asidos en los umbrales del parto
ambiguos en nuestros esqueletos
y cuerpos de luz pétrea
arraigo visceral desde el ombligo:
¿dónde nacen las alas?

¿Qué muere en el signo del agua
llevando nuestros nidos
hacia qué mares?

20/1/13

DESTINO DE MIS PIES


















Destino molar el de mis pies,
arraigan despacio y hondo

endurecidos y ondulantes

sobre tu cáliz,

entre huellas inocentes

de la tarde

cuando caen los símbolos.

Las nubes desplazan horizontes

y el fulgor de la piel

desliza el crepúsculo

hacia el mar.

  
Destino breve el de mis pies

sobre tus playas.

La ballena hambrienta

no sabe si reclama el alba.



            El árbol caído

            engendra nuevas raíces.



Destino errante el de mis pies

cuando llegan a tu costa.

Su vientre de pájaro dorado

sugiere la mañana del bosque.

Y aún no descansan

cuando tu boca toma

el sutil alimento

y los huesos celebran

otro despertar.



            El niño en la mañana

            crece con el viento.



En las nubes de la noche

sacrifico mis pies.

El don seguro de mi carne

sobre el mundo.


SAN SALVADOR DE BAHÍA

















El calor como estatua.
Anclas en las manos
empuñan estas calles
atan piernas de piedra.
Pesadas como fósiles
abismales, de canto hondo.
Llaman al pez azul
a lo más profundo
hacia hilos subterráneos.
Caras blancas sobre negras
la misma sangre.
El calor sostiene la ciudad
sus ventanas solas
acompasadas en su ritmo
de pimientas y orixás.
El agua pretende conquistar
ese humus atado con fuego
ese nudo de tortugas
que sumergen sus huevos
de arena blanca.
Caparazones tórridos
y huesos ondulantes
hacia un África roja.
Y el calor es alimento.
Una sola madre
sostiene tantas madres.


13/1/13

LA PIEDRA AUTÉNTICA



              I

Hoy la lucha se invierte.
Todo gira en el epicentro.
El cráter da a luz
en la oscuridad.
Ya no hay flores
en la génesis de la palabra.
Ahora clavos herrumbrados
sostienen el encuentro.
El mapa que no existe.
El papel arrugado en la basura
emite ecos de vacío
una cara efervescente
ojos que marchitan sus pupilas
centros de luz alunada
entre despojos y vísceras.
El fusil anuncia la mentira.
Dispara al ídolo de hierro.
Su muerte
            hoy
                        es mi palma.

              II

La desnudez me agobia siempre
en la pared expuesta
con lágrimas de noche-estrella
pirámides abiertas en la luz.
Desde el túnel en espiral
            hacia el sol
desnuda de huesos
sin brújula
me busca la muela
me hiere el junco erecto.
El disparo certero
en la desnudez
             del parto
cegó mi día.

             III

La partida fue el amor
esa verosimilitud del ser.
Una fauna recia en el monte
el árbol en la cima.
Pero el vástago murió.
Ataúdes en el centro de la tierra.
Piadosos besos
para los niños no nacidos.
Hoy descanso
sobre el holocausto de abejas.
La mano se estira
hasta el primer rocío.

             IV

El olvido busca
los párpados
con anclas feroces.
Ahora despierto
para atesorar jóvenes anillos
o caracoles de agua tropical
sin semen urgente
sin numen agitador.
El látigo crece entre mis huesos.
Mis mejillas no se atontan
no se rinden en esta lid mis ojos.
Crezco con la violencia de uñas
que rasgan mi pared
y alumbro hijos de materia nueva.
Alguien me dijo
            “la evolución”.
Entre cristales colgados
en el brillo de la tarde
            la piedra auténtica.

Sobre ella estoy
            y permanezco.

LA PIEDRA FEROZ II



Hoy destierro
mi piedra feroz.

Renuncio
a esta manera de embrutecer el sol
de anular el trazo de la nube
que a la vez me niega.
Arranco
este fastidio sin reposo
el ciclo de fieras regresivas
que no detienen su obsesión
de la muerte diaria.

Sumerjo la mano
en el agua estancada
para estrangular mi otra mano
aquella de los signos sin relieves
aquella de las líneas inconclusas.

Y digo no
a los filos que aún me acosan
el agujero de espera en la cama
el círculo estriado de piel muerta.

Se levantan las piernas.
los pies se afirman.
Los falos despiertan para nutrir vulvas
y sangre y ojos en el ala nueva.
Cadenas de huesos
abrigan el sol.

Proclamo el no
más allá de sus letras
en la noche de pupilas blancas
para que todos oigan
los de pies vírgenes
los de pies duros
los de espaldas tórridas
los de vientres yermos:
                        la espera en la ventana
                        trae muerte.
                        El amor sólo nutre
                        al que lo deja fluir.

Hoy te destierro.
Te prohibo la luz.
Edifico el no
en el último combate.

LA PIEDRA FEROZ I



Te exilio.
Te obligo con látigo
a irte de mí.
La garganta escupe
la piedra feroz.

Te exilio
a tierrras yermas
sin vertientes
rocas de filos acerados
sin ramales verdes.

Te exilio de mis uñas
para que no habites
mis huesos
mis númenes
mi letargia austera.

                        sin flores
                        sin piélago nocturno
                        ni almácigos de manos
                        para exiliarte de todo
y sin furia

                        sobre todo y siempre
                        sin furia

ni amor.

Te exilio
a la muerte
de los indignos
sin perdón
ni alivio de lluvia.

Quedo en una onda de agua
en la estela nebulosa
en el faro salvador
sin la piedra que anula
ni el desamparo falso
de los necios.
Las céluas celebran
el día después de la guerra.

Piedra exiliada
sin furia
sin amor.





11/1/13

EL DON



En la mesa un don que no conozco
aturde el borde de la mano.
 
Hay un guiño ensimismado
en la apertura de la pupila
allí donde cabe el ala
el dominio del cielo
la tormenta del nervio.
 
La palabra es líquida dentro del jazmín.
Ella-alguien lo intuye
dormido en el musgo de las venas.
 
Allí florece el don.
 
Un día de luz
sin el clavo encefálico.
 
Allí respira
             el centro del aire
y en hilos
los pies se deslizan
asilados en una ola
sin intemperies.


LA PAUSA



Me extiendo sobre tu frente
entro en sus intersticios
sus nudos los míos.
             
            Llevo mi prontuario
            inscripto en los huesos
            como reliquia
            inseparable de mis arideces.
            Intento aliviar
            su lluvia atroz
            con dos manos extrañas
                        tuyas
                                    -se alejan-
            Esta lluvia quemante
            de delitos y rituales
            no se detiene.
 
Pero hago una pausa
en la carrera enloquecida
de manos que agarran pelos
y sombras de ojos dados vuelta.
 
Respiro el movimiento
de mis pies en la vereda
de mi pelo tejido con el viento
y los brazos en búsqueda
extensa de las nubes.
 
Mi estómgao achica
su voracidad
su manía de tragar piedras
o disfraces de estrellas.
 
Ahora espero
esa sutil recompensa
de lo cotidiano.
La mesa me habla
de mi tierra y mis pies.
En la biblioteca
la quietud.
El regusto de lo viejo
asimilado me llama.
 
Es mi pausa.
Mi descanso
en soledad
de paredes acompasadas.
Ritmos que nadie aprecia
aquí presentes
me enderezan y despiertan.
 
No postergo nada.
Incertidumbre
que nunca me permito
La noche inacabable
y las horas lentas
antes del parto.
 
A lo lejos oigo
un movimiento de volcanes.
Pero aquí todo está calmo.
 
El cielo permanece
y mi guarida se abre.

EL ENJAMBRE



La garganta atesoró
un enjambre
de luz mítica
en huevos
de transparencia.
Fresco nido
apurado en el vientre
abrigo en el ojo-niño.
Pez de sola sombra
en la noche de la vena.
El enjambre parió
desde las uñas.

5/1/13

TRIPTICO DE LA MUJER AMANTE





















Uno


Visión primera



Me adentro en tu tronco austero
en nudos angulosos de huesos que no renuncian
a su combate en el mar de la noche.
No me ayuda el verbo para nombrarte.
Un graznido me lleva hacia vos
las modulaciones de las vocales
o lluvias sin anclas en el barro.
Hay hilos de luz de pupila a pupila
un clavarse de uñas en la tierra
gemidos subterráneos y risas áureas.
Exploro tu madera crujiente
en el silencio de tu sangre.
Sudo un poco tal vez
sólo un poco.
Descifro los trazos de tu pájaro de luz.
Lo sigo.
            Me lleva
a mi fortaleza arcaica.
La destruye.
            Me libera
            Buscamos nidos.
 
Dos
Oscilaciones de la enamorada
 
I
La vida no pasa esta puerta.
Estoy ajena a tus ventanas.
Desnudo el papel.
Volcar el mísero fluído
armar palabras planas.
Me falta la sangre.
Quiero mi lapicera
que está en tu bolsillo.
No la quiero en tu bolsillo.
            
            Quiero mi vida
            sentada de cuclillas
            como un felino
            para saltar a tu cuerpo.
 
Me falta la tinta
con la que escribo mis poemas.
 
II
Estoy cansada.
Tu vino no me pertenece
La cama tiene desnudez sexual
y la ventana huele
a noche desierta.
             
                    Mi torax errante del tuyo.

Entera de dolor marino
de estrellas
piedras o espadas.
Quisiera dormir tres árboles
y un lago, una rosa abierta
un pan caliente
un sueño hundido
insistente náufrago.
Quisiera no ver tu luz
            a veces
-y esta lapicera no deja
mi cansancio-
tan cansada de mirar
mis ojos de vidrio.
 
III
Todo me es ajeno.
Esta casa, sus paredes.
Me muero de amor sin elegir.
Mis huesos siguen tu rastro tu perro
tu angustia latiente.
Oigo palabras duras
duras palabras necios oídos
grises oídos eternas palabras.
            
            Tu boca se derrama
            sobre mi cansancio.
            Mi piel no deja su asombro
            de haber elegido tu casa.
 
IV
Esta ventana saqueada
este colectivo que arrastra
su motor negro
en la noche de sol turbio.
             
            No intuyo qué hace mi existencia
            extasiada en el umbral
            de tu vida.
 
Y el motor sigue
cansa a mi alegría
             
            ¿Mi alegría?
            Quién hubiera dicho
            que estás aquí
            para redimirme.
V
 
Sutil sobre tu cama
me anulo como un pozo
como una serpiente negra
me nutro de bichos
subterráneos, mustios.
 
VI
 
Enciendo luces no mías
impropias luces para mi esqueleto
nutridas luces de tu voz
que taladra desde mis pies
los huesos.
             
            Tu voz
            que no puedo dejar huir
            que escucho
            paciente y austera
            sin reconocer mis manos.
 
VII
Me acuesto en tu cama
de líquenes y humus
y no sé si tu alma
reposa con mi alma.
             
            ¡Mi alma!
            ¿Dónde?
 
Tan cansada va
casi desaparecida
vuela casi trunca
sin noche ni tierra.
Muda.
 
Tres
 
Los actos
La tela vasta de tu cuerpo
besa mis arideces
las siega
merma la cuota escéptica
de mis hombros
cuelga racimos de mis dedos.
Intuyo tus alas de pájaro veloz
y me detengo a beber de tus odres.
Cuando todo calla en la noche
y el cielo abre su boca universal
oigo el ritmo de tus días
y tu lluvia intermitente
me fecunda
en arena salvaje
aún virgen de mar.
 
No te agrego a mi piel
y sos mi piel
en el despertar de mis tumbas.
Te quiero en tu voz y en tus huesos
en el don de la mesa cotidiana
cuando anido mis seres
en la vereda de la sombra.
 
Siempre están tus ojos
en mis palmas 
que me atraen hacia la luz
y mi playa temida
donde espera nuestra casa
nuestro deseo del mundo.
Abrigo las noches tuyas-mías
el verbo, el sonido primero
el perro y el portal.
Hojas y raíces anudan
nuestros pies aluvionales.
 
Permanecemos
en las células por nacer.
Mis signos y tus armas
surcan la misma tierra.
En el árbol de luz
te amo con tus fieras
con tus noches de soles
y el viento en la montaña.