6/4/15

PAJAROS DE FUEGO VERDE



 I

Indago el modo más sutil de muerte,
elijo esta dualidad de ser y no ser.
Las ferocidades del mar abren
mi última puerta hacia el dolor.

Y la planta me ayuda:
existe esta conciencia vigilante
y el doble que ruge en el eje.

Las suavidades aromáticas de la carne
el plexo en el cielo y en la tierra,
el estallido de la génesis arrullan
esta pequeña muerte.

En la ventana insípida de la casa
                el valle verde late en la mano.

Un bosque de isla es el corazón
y la sangre para todos mis caídos
surge en la fisura de los muros
exhibiendo los cadáveres frescos
sus manos en devoción, aún tibias.

La inasible dualidad amante
viaja en la médula y estalla
a través de ínfimos poros del ser:

                -Retiren los cuerpos del piso, señores.

II

Las almas sudan su clamor
y huyen en pájaros de fuego verde.
La quietud del lago
es el ruido del arroyo
y la recta traza su curva
en los infinitos puntos.

La muerte es todos los días
todos los días la vida.

La doble cara se tuerce
en muecas de espanto y placer.
Nada es fuera de esto.
Y el límite no se muestra
a ningún prisionero corporal.

TIERRA ENCANTADA



Aire-cielo
fuego, tierra, agua
ensamblan la fuerza cósmica
engendran la armonía terrenal.
Las hojas de los árboles
danzan su cadencia única
en su diálogo aéreo
elevan su verde latido
y el  agua serpea entre la madera
nutre las raíces
asciende y desciende
en el ciclo circular
mientras la tierra
expande su fertilidad
hace su misión en silencio
en la llanura del mundo
disemina el fruto
y se nutre de la eterna luz.

3/4/15

EL ANIMAL



El animal brota en la piel y crece. Agigantados sus colmillos por el hambre desgarra la ciudad que ayer frecuentaba desde nuestras manos. Rasga mi cuerpo hasta el corazón y me lo quita. ¿Lo ves? ¡Ja! Casi no podés creer, eso que amaste, un pedacito de carne sangrante en las garras de mi fiera. Fiera-destino come su obre primigenia, llenando su estómago de luchas y fusilamientos en plena cama, donde libramos cada combate con nuestros sexos, y lloramos como locos, y reímos como desahuciados. Ahora la bestia me mira furtivamente, parece que quiere arrancarme las manos; pero no, se vuelve en su asombro porque el corazón palpita por sí mismo, y sólo mira estupefacta descansando sobre sus ancas.
Reina un silencio sepulcral. Los tres miramos las sístoles y las diástoles casi fuera del tiempo. El animal bosteza, se sacude y empieza la retirada. Nosotros nos tendemos, fatigados en extremo, mientras mi corazón -¿mi corazón?- crece en un ángulo de la casa.

LA CITA



Están en el bar. Combaten con el pasado. Escuchan sus voces antiguas y sus gestos se transforman. El regreso sin límites. Un agua de la que no volverán. Rasgan la cotidianeidad como quien tira joyas por la ventana, en recepción de su ser. El desprendimiento y el olvido del mundo. O las breves traiciones de la memoria que deleita sus manos en los labios entreabiertos. Es la inocencia de míticos campos suspendidos entre frase y frase. Pero el mozo llega y trae la cuenta. Hay que pagar.

2/4/15

I. INFANCIA (DE SEÑALES EVOLUTIVAS)



Cuando era niña deseé crecer como quien espera un fruto codiciado. El tiempo nutrió los abismos estrenando una nueva forma para asolar la cama de cada noche, engrandecer la ventana árida que los engendradores me dieron. Sólo esa herencia y el mar que inundaba el sueño. Como cómplice la oscuridad, el terror de los ojos abiertos y la ceguera, los monstruos míticos y correr, correr con el grito impedido, morir y despertar, el sudor hasta la sábana, madre única en las horas nocturnas. De pronto la mañana, la salvadora, el disfraz del delantal y del café con leche, inventar mi juego mental o sentir el alma: entonces ocurría el descubrimiento, la visión de lo que no era: eso signaba mis pupilas y me acercaba el trasmundo, o algo intuido en el sueño de la casa-laberinto repetido en los fulgores lunares, los muebles infinitos y el aire amarillento, ambarino, un clima de pesado misterio, tan presente como el olor de la lluvia recién caída. Eran días en que la luz pasaba a través de mi cuerpo, como un cristal lúcido ensamblador del tiempo, y el sol entraba por los pies suavemente con la ternura de la tarde. Y esperaba, con una dulce paciencia que más tarde suplí por ritos amargos. Quería ver el fruto y morderlo. Seguí alimentando los abismos, las nubes iridiscentes que el mar me traía, el bosque oscuro y húmedo, el cielo que limitaría mi cuerpo en la soledad única, la sutil proporción de la dualidad amante, el viento en los párpados para no olvidar nunca su ferocidad. Las piedras crecieron conmigo acompañándome, acunando los huecos del existir, conformando los huesos, y llegaron al cuerpo con el límite de la piel y la sangre por testigos del mundo. Recurrí al silencio plasmático con el primer poema.

1/4/15

II. PUBERTAD. (DE SEÑALES EVOLUTIVAS)



Comencé a desarmarme lentamente. Mi alma caía al filo de las manos. Escrutaba el insomnio desde la oscuridad. La palabra apenas estaba naciendo, y el silencio era la inmensidad de mis ojos en el espejo. Había perdido la austeridad infantil y todo era una suerte de exceso que no alcanzaba a captar con mi cuerpo: las personas y las cosas eran demasiado importantes y también demasiado pequeñas. La amistad era el perfecto parámetro de justica, el perfecto amor. Casi prehistóricamente, como si nunca más hubiera vivido esa intensidad, recuerdo las larguísimas horas de sufrimiento y soledad, las incontables muertes del corazón, la sangre estallando sin escape del cuerpo. La esencia era el nombre, pronunciarlo hasta el hartazgo, apartar cada fonema y destrozarlo, repararlo, gritar el nombre montada en la bicicleta con el sol en el pelo, desconocerlo y amarlo furiosamente. La distancia irreparable de la familia. La cama deshecha por la transpiración de la noche. La euforia escolar, las peleas, la risa desenfrenada del compañerismo junto con la ausencia instantánea del mundo y la fusión del alma con el cosmos. Entonces era la oración: tomar la lapicera y el papel, emitir la corriente de los huesos, y la búsqueda. Comencé a intentar el vacío desde la palabra.